miércoles, 21 de noviembre de 2012
Imanes
jueves, 4 de octubre de 2012
Cabrona
domingo, 30 de septiembre de 2012
Ojos/Almas
Me distraen las cosas triviales e inconstantes como la belleza, el placer estético y la condena del alma.
Eso que admiraba en vos ahora lo tengo yo y lo repudio.
El tiempo anclado, infinito, sin embargo, no deja de correr. El otoño tiene el color de un lugar mágico que conocí, cuando todavía no sabía, cuando todavía no voy a comprender.
Hay ojos que se ven y hay ojos que cuesta ver.
Aunque la mirada sea penetrante, estos ojos tienen un destello huidizo, como si delataran un alma inquieta que está pero no está.
A tus ojos
volver y mirar
Mirarlos, otra vez
destellar
Como dos planetas
inhabitados, desconocidos
para los míos
Ciegos por vos.
sábado, 28 de abril de 2012
La lluvia
sábado, 31 de diciembre de 2011
Espiral
domingo, 25 de diciembre de 2011
Reconstrucción
domingo, 25 de septiembre de 2011
Anticuados vestidos floripondio
Pasaban el rato chismoseando, siempre sentadas, con sus anticuados vestidos floripondio.
A decía que no comería maníes porque no se había lavado las manos desde que llegó.
J decía: las bacterias son mis amigas, y comía con las dos manos, engrasándose los dedos que luego se limpiaba en el vestido.
Por qué nadie las querrá. Tal vez son feas. Tal vez son anticuadas. Cuando se hagan señoritas, los caballeros las desearán.
Cuando mamá me hace los rulos, los vecinos me miran un montón, decía J. A pensaba: qué puta, y se preguntaba por qué hoy no se habría hecho los rulos para el baile, y como si J le leyera el pensamiento decía que había humedad y que con el tiempo así los rulos le quedaban como alambre.
A pensaba que J se hacía la grande, aunque en verdad era más chica.
Las dos, ahora, hablaban de hacerlo. Las dos miraban al mismo, se llamaba Federico y era rubio.
A decía que tenía cara de príncipe. Ciertamente, era un príncipe y bailaba como tal.
J sabía imitarlo muy bien cuando, con A, jugaban a los príncipes amantes. J levantaba una ceja igual que Fede y miraba a A como si de verdad la deseara. A siempre terminaba riéndose y arruinaba todo porque le sacaba credibilidad.
La ropa, siempre puesta. y las caricias, por arriba del vestido. cuando sean señoritas, los caballeros las desearán.
lunes, 28 de febrero de 2011
media tarde
martes, 22 de febrero de 2011
la sensación
me acosté, estiré las piernas apoyándolas sobre la pared y jugué con mis pies.
pensé en la sensación.
la panza se me estrujaba de hambre y de algo más. el temor a ser descubierta por los invitados me atemorizaba. pensé en varias estrategias para seguir siendo la de siempre, ser yo.
la pierna derecha se me acalambraba y sentía el hormigueo subir del tobillo hasta el muslo. la sacudí un buen rato mientras la izquierda permanecía enderezada, tocando la pared.
bajá las piernas de ahí, sentate como una persona adulta, ¿querés?
tocaron el timbre, los invitados estaban llegando. el calambre me recorría ahora el cuerpo entero, comencé a moverme con electricidad para estar normal.
pegué un salto desde la cama, me disponía a salir de la habitación pero decidí cerrar la puerta para pensar tranquila en la sensación.
se me ocurrió fingir un ataque al hígado, un espasmo, un extraño malestar indefinible.
el cerebro me dolía de tantas ideas malas, me deshice de ellas.
escuché murmullos, gente que llegaba, tías que preguntaban por mí. hice un último movimiento eléctrico con los brazos y la cabeza, para que el hormigueo no volviera a sorprenderme.
salí de la pieza. esa noche hablé muy poco pero comí mucho. todos me trataron como si yo siguiera siendo yo.
martes, 4 de enero de 2011
pausa
me unifico en una pausa, tomo aire y te miro.
no veo la forma de tus ojos ni el contorno de tus rasgos. no me acuerdo de vos, sólo de tu expresión. estás frente a mí, pero ya no me sale verte.
martes, 23 de noviembre de 2010
muerte en venecia
me detuve un instante en su cuello. el cable de los auriculares dibujaba una delgada línea de sombra hasta el hueso de su clavícula. los labios concentrados murmuraban sin gesticular. mil novecientos noventa y dos. o quizás noventa y tres. como sea, la diferencia es abismal. me pregunto si conociste las galletitas en lata, los muerde cordones y los vasos plegables. muerte en venecia. bajamos en la próxima y nadie se entera. inaceptable, pecaminoso, ilegal. vamos. sigamos caminando. entonces noto que no soy más alta que vos y eso me deja tranquila. entonces nos detenemos con violencia muda en la primera esquina. entonces morimos en éxtasis cuatro minutos o mil. todo es sepia ¡venecia! me pregunto si conociste las galletitas en lata, los muerde cordones y los vasos plegables. bajamos en la próxima y nadie se entera. acqua alta. estoy inundada de alucinaciones. logro salir de la hipnosis a la que me sometió tu indiferencia plácida. bajemos y caminemos hasta la primera esquina, pero en colores. ¿dónde..? grito con la mirada, recorro el andén vacío ciento ochenta grados. te llevó la marea mientras yo moría en venecia.
domingo, 10 de octubre de 2010
mediodía
en bruto de vivir una vida sin engaños - Carver)
el agua corre de la manguera, recostada sobre el empedrado del patio trasero y moja las plantas que asoman entre la unión de las baldosas. las hormigas, despavoridas, cambian de dirección ante el diluvio.
el sonido del agua corriendo junto con el del vecino barriendo el patio detrás de la medianera se suman al canto de la cigarra generando una orquesta sonora típicamente dominical.
para comer falta más de media hora, pero el aroma de la salsa impacienta mi apetito.
la gata mira fijo la boca de la manguera, no se anima a beber por miedo natural al agua.
estiro mis pies y los ubico estratégicamente bajo el chorro. unas gotas mojan la cola de la gata que, de un salto, se ubica detrás de las macetas.
puedo sentir el olor del empedrado al sol mojado por el hilo de agua que lo roza. mis manos palpan el piso caliente y una hormiga perdida intenta trepar pero no la dejo.
la espalda empieza a quemarme. estiro la toalla y me acomodo boca arriba. cierro los ojos y escucho.
martes, 28 de septiembre de 2010
reincidente
lunes, 20 de septiembre de 2010
indiferencia
lentitud frívola, gritos solapados. ustedes, siempre tan así.
me muero de a poco esperando algo. ud no tiene prisa. yo la tengo, como ansias de barbarie.
¿cuándo viene? ¿va a llegar? cinco meses, seis meses, varios años.
¿acaso ud cree que la espera puede reemplazarse con alguna distracción?
no hay distracción que calme semejante sed.
ud sabe, tengo sed.
tomé con una pajita restos de una coca-cola que dejó un amigo. todavía siento el dulzor.
ud es indiferente y espera con serenidad.
piensa: ningún desierto es amenazante, el agua está en todas partes aunque desee no beberla.
pienso: sobrevivir de a sorbos, hasta encontrar un océano.
lunes, 6 de septiembre de 2010
feel coles
confiás en que asociarte al club de los homó-patas va a darte mejores resultados. a mi me parece bien. tiempos nuevos.
me quedo quieta y veo cómo llega.
mientras, vos te vas de ese lugar en ruinas para siempre.
otro día en el paraíso.
(dedicado a D en forma y a B en contenido)
domingo, 22 de agosto de 2010
pez
me acuerdo de la expresión de su boca, siempre tenía una mueca como de estar por reírse a carcajadas, pero se contradecía con su mirada seria y un poco perdida.
la primera vez llamé a su mamá, pero se enojó tanto que le tuve que prometer que no la volvería a llamar en esas situaciones que sólo compartía conmigo; agonía de pececito.
yo no tenía experiencia, entonces la calmaba contándole cosas intrascendentes, como lo que había hecho en el colegio o de quién gustaba alguna compañera.
entonces cuando empezaba a prestarme atención se olvidaba de la agonía, y la distracción hacía que poco a poco comenzara a recomponerse.
no sé cuándo fue que dejamos de vernos. siempre sospeché que sus papás tenían celos de que ella sólo confiara en mí.
se mudó lejos. las tardes me costaban más que levantarme a la mañana. veía tele sola, dibujaba sola y a veces me olvidaba de merendar.
hace poco volvimos a vernos. tenía el pelo más largo y estaba muy alta. no nos dijimos casi nada, hablamos de banalidades.
cuando terminamos el café con leche y la incomodidad propia del paso del tiempo comenzaba a manifestarse, decidimos irnos.
me dio un papel que guardé en el bolsillo de la campera para leer en mi casa.
pasaron muchos años pero el contenido de la carta delataba un vínculo que seguía intacto.
un viento esperanzador, olas de libertad y una corazonada de buen porvenir.
al fin éramos grandes.
lunes, 9 de agosto de 2010
fue bastante espontáneo, casi urgente
el sabor se mantuvo en mi paladar largo rato, como el recuerdo de algo que quedó muy atrás. bastó con darle la primera mordida para que mi ritmo cardíaco se volviera extraño y fatigado. el nudo empezó a gestarse. evité que las lágrimas.
me transporté a un verano que no sé si realmente existió. los días transcurrían con pereza, nos dedicábamos a existir y a permanecer en un trance vacacional de descubrimientos constantes. parece todo reiteradamente soñado. ya no estás.
probé esa fruta que a mí me enloqueció en el país de las frutas ricas. a vos te parecía demasiado dulce, casi no comías.
ayer conseguí un mango; lo guardé para no morderlo antes que madurase y así evitar decepcionarme.
hubiese preferido llevarme la sorpresa de un mal sabor y evitar todas esas imágenes irreales.
estaba tan delicioso que fue como sentir mil cuchilladas de azúcar en el pecho. la crueldad desafiante de una sorpresa inesperada que parecía burlarse del prejuicio negativo del va-a-saber-mal.
este día invernal hoy se vistió de enero y me entregué al placer de la mordida con inocencia, aunque conciente de a qué cosas me rememoraba la fruta. pensamientos que se mantenían en una superficie estable, controlable.
el recuerdo del sabor ahora me abandona, como el sonido de un mar precipitado que de golpe se serena, haciéndome notar cuánta paz puede producir el silencio. un silencio nublado, pero no menos noble que un silencio soleado de olas estruendorosas. en silencio, todos los recuerdos tienen más sol que el presente.
domingo, 1 de agosto de 2010
espera
esperá acá nomasito, le digo que se apure.
no hay apuro, gracias.
las revistas de decoración y de dietas que estaban sobre la mesa tenían las páginas duras, como si algo se hubiese volcado sobre ellas tiempo atrás. no pudo evitar pensar en vómito. las dejó en su lugar e hizo el gesto inmediato de limpiarse las manos en los muslos.
el aire que aspiraba parecía estar encerrado en ese living por siglos y el perfume a limpieza sólo decoraba superficialmente el pesado estancamiento del tiempo.
algo atemporal latía en una especie de brisa ancestral que lo rozaba.
era como respirar la muerte de sus abuelos.
la señora f se acercó a darle un vaso de plástico con leche (¿leche? ¿sola?). fue un acto espantoso.
en el platito donde se posaba el vaso había una masa seca de esas que compran las tías. sintió cada detalle repulsivo en ese depósito de tiempo con olor a limpio y ajeno.
el asco que experimentó fue mayor a la excitación que le provocaba la hija de la señora f. o se percató de que la muchacha pertenecía a todo eso.
la dejó cambiándose, sola.
la señora f le dio la leche intacta a la gata y la masita al perro, para no desperdiciar. la hija conoció a otro mejor para ella.
jueves, 22 de julio de 2010
yo no sé nada
Tú no sabes nada
Ud. no sabe nada
Él no sabe nada
Ellos no saben nada
Ellas no saben nada
Uds. no saben nada
Nosotros no sabemos nada.
La desorientación de mi generación tiene su expli-
cación en la dirección de nuestra educación, cuya
idealización de la acción, era —¡sin discusión!—
una mistificación, en contradicción
con nuestra propensión a la me-
ditación, a la contemplación y
a la masturbación. (Gutural,
lo más guturalmente que
se pueda.) Creo que
creo en lo que creo
que no creo. Y creo
que no creo en lo
que creo que creo.
" Cantar de las ranas "
¡Y subo escaleras arriba!
¡Y subo escaleras abajo!
¿Allí está? ¡Aquí no está!
¿Allá está? Acá no está!
¡Y subo escaleras arriba!
¡Y subo escaleras abajo!
